Setenta y dos años de historia son suficientes para evaluar los errores, las omisiones y las injusticias de los Oscar® . La mirada retrospectiva por supuesto revela ausencias en las listas de ganadores que, en los años en que pudieron ser premiados, no parecieron tan destructivas. ¿La razón? El año siguiente siempre prometía otra oportunidad. Y así quedaron muchos intérpretes y directores no sólo sin un galardón en sus manos, sino incluso sin siquiera una nominación.


No suele pasar un año sin que alguien (o unos cuantos) se desgarren las vestiduras, y muchas veces con razón, porque tal actor le “robó” el premio a tal otro. “¿Cómo puede ser que ese producto tan comercial le haya ganado a esta otra obra de arte, de avanzada?”, se quejan algunos. Muchos son los factores por tener en cuenta (ver  LOS PREMIOS OSCAR®). Más de una vez entran en juego: el favorito del público, el que debería ganar por justicia y el que en definitiva gana. Eso es precisamente lo que sucedió en 1997 en la categoría Mejor Actor: el favorito del público era Peter Fonda por su actuación en Ulee’s Gold (El oro de Ulises), el premio debería haber sido para Robert Duvall por The Apostle (El apóstol), el ganador fue el mimado de la Academia, Jack Nicholson, por su actuación en As Good As It Gets (Mejor... imposible).

1932–1933: Mejor Actriz: Independientemente de los méritos de Katharine Hepburn, ganadora por Morning Glory (Gloria de un día), el bochorno pasó porque la “Divina” Garbo no fuera nominada por su actuación en Queen Christina (Reina Cristina).

1934. Mejor Actriz: Claudette Colbert en It Happened One Night (Lo que sucedió aquella noche) en vez de Bette Davis por Of Human Bondage (Cautivo del deseo). Como consecuencia, al año siguiente Bette recibió un Oscar® consuelo cuando la ganadora debería haber sido Katharine Hepburn por Alice Adams (La mujer que supo amar).

1937. Mejor Actriz: Luise Rainer en The Good Earth (La buena tierra), quien además recibía así su segundo Oscar® consecutivo, privó a Greta Garbo de una merecida estatuilla por Camille (La dama de las camelias).

1939. Mejor Actor: Robert Donat por Goodbye, Mr. Chips (Adiós Mr. Chips) se benefició de los votos que se dividieron el favorito del público, Clark Gable por Gone With the Wind (Lo que el viento se llevó) y el real merecedor, James Stewart por Mr. Smith Goes to Washington (Caballero sin espada).

1940. Mejor Actor: Una vez más el premio consuelo. James Stewart fue recompensado por la pérdida del año anterior por un papel sin mayor trascendencia en The Philadelphia Story (Pecadora equivocada), relegando al extraordinario Henry Fonda en The Grapes of Wrath (Viñas de ira).

1941. Mejor Película: How Green Was My Valley (Qué verde era mi valle), un excelente film de John Ford se llevó el Oscar®, que Hollywood no estaba preparado para entregar, a la película aclamada como la mejor de todos los tiempos: Citizen Kane (El ciudadano). Lo que pasa es que Citizen Kane era tan de avanzada como Grapes of Wrath, del año anterior, que también perdió y era de John Ford. ¿Otra vez el premio consuelo con un año de retraso?

1943. Mejor Actor: Paul Lukas (“¿Quién?” se preguntarán muchos), protagonista de Watch On the Rhine (Alerta en el Rhin)  le arrebató el premio a Humphrey Bogart por Casablanca (Casablanca).

1947. Mejor Actriz: Loretta Young, de The Farmer’s Daughter (Mi adorable rival), se llevó el premio que todos apostaban correspondía a su mejor amiga, Rosalind Russell de Mourning Becomes Electra (Electra).

1948. Mejor Actriz: Jane Wyman por Johnny Belinda (Belinda) se benefició de la tendencia de la Academia a premiar a quienes interpretan a personas con problemas físicos o mentales. En este caso, su personaje era sordomuda. Y Barbara Stanwyck perdió su cuarta y última posibilidad de ganar el Oscar® por Sorry, Wrong Number (Al filo de la noche).

1950. Mejor Actriz: Bette Davis, la Margo Channing de All About Eve (La malvada) y Gloria Swanson, la Norma Desmond de Sunset Blvd. (El ocaso de una vida) tuvieron la mala suerte de coincidir en el mismo año. Resultado: se repartieron los votos y terminó ganando Judy Holliday por Born Yesterday (Nacida ayer).

1951. Mejor Película: ¿Cómo pudo An American in Paris (Un americano en Paris) ganarle a A Place in the Sun (Ambiciones que matan) y a A Streetcar Named Desire (Un tranvía llamado deseo)? La misma MGM no podía creerlo, y al día siguiente sacó un aviso a toda página en Variety en el cual el león de la Metro miraba al Oscar® y decía “Honestly, I was just sitting In the Sun waiting for a Streetcar” (“Honestamente, estaba sentado al sol esperando el tranvía”), haciendo referencia a los títulos en inglés de las dos perdedoras.

1951. Mejor Actor: El premio consuelo de Humphrey Bogart le llegó por una buena actuación en The African Queen (La reina africana), pero el perjudicado fue el espectacular Marlon Brando de Streetcar.

1952. Mejor Película: La historia se repite. El gran espectáculo comercial, The Greatest Show on Earth (El espectáculo más grande del mundo) prevaleció sobre el verdadero arte cinematográfico de The Quiet Man (El hombre quieto) o incluso High Noon (A la hora señalada).

1954. Mejor Actriz: La etérea Grace Kelly, de The Country Girl (La que volvió por su amor), derrotó a la favorita sentimental y merecedora: Judy Garland de A Star Is Born (Nace una estrella).

1955. Mejor Actriz: el premio a Anna Magnani por The Rose Tattoo (La rosa tatuada) tuvo el mismo efecto que una bola de nieve. Su actuación fue excelente, pero la desolada Susan Hayward de I’ll Cry Tomorrow (Mañana lloraré) no esperó al día siguiente, y lloró desconsoladamente la derrota. Si Hayward hubiese ganado en 1955 quizás los votantes no la habrían elegido en el ’58 por I Want to Live (La que no quería morir), sino a Elizabeth Taylor por Cat On a Hot Tin Roof (Un gato sober el tejado caliente) o a Deborah Kerr en Separate Tables (Mesas separadas). Siguiendo esta línea de pensamiento, si Liz hubiese recibido su Oscar® en 1958, en 1960 no se le habría dado uno de consuelo por haber sobrevivido a una neumonía, y a un film espantoso, Butterfield 8 (Una Venus en visón). Entonces seguro que Deborah Kerr habría roto su mala racha –fue nominada al Oscar® seis veces  y nunca ganó— por su actuación en The Sundowners (Tres vidas errantes).