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Con 72 años
de historia, se han acumulado momentos inolvidables de esas ceremonias
como para llenar un libro. Esta vez repasaremos la mayor cantidad
posible: instantes graciosos, tragicómicos y emotivos. Embarquémonos
en los recuerdos que traen de la mano las ceremonias de entrega
del premio más codiciado del mundo del cine.
1931-32:
Fredric March y Wallace Beery protagonizaron el primer empate
en la historia del Oscar® (que únicamente se repitió una vez en las categorías de actuación). Según
las reglas de la época, si había una diferencia de tres votos
se declaraba un empate, y March obtuvo un voto más que Beery.
Todo el público sabía que ambos actores habían adoptado niños
recientemente, así que March dijo: “¡Me parece un poco extraño
que a Beery y a mí nos den un premio a la mejor actuación masculina!”
1932–33:
Will Rogers, como maestro de ceremonias, tenía que anunciar
el premio al Mejor Director. Abrió el sobre y dijo: “El ganador
es mi buen amigo Frank. ¡Ven a recibirlo, Frank!”. Hizo una pausa
y agregó “El ganador es Frank Lloyd”. El problema es que durante
esa pausa se levantaron de sus asientos los dos Franks que estaban
nominados: Frank Capra, por Lady for a Day (Dama por un
día) y Frank Lloyd por Cavalcade (Cabalgata),
ambos amigos de Rogers. Frank Capra ha descrito que literalmente
se arrastró de vuelta a su asiento. Pero la recompensa del Oscar® le llegó al año siguiente. No conforme con el primer papelón,
hizo que se acercaran al podio las dos candidatas al premio a
la Mejor Actriz, May Robson y Diana Wynyard. Sabiendo de antemano
el nombre de la ganadora, les dijo que las dos habían brindado
actuaciones brillantes, las besó y anunció que la ganadora era
la ausente Katharine Hepburn, por Morning Glory (Gloria
de un día). Ese mismo año, la mimada de la taquilla y
el público, Shirley Temple, recibió el primer Oscar® al Mejor Intérprete Juvenil: una estatuilla en miniatura.
1934: Claudette
Colbert no tenía la menor esperanza de ganar el Oscar®
como Mejor Actriz por It Happened
One Night (Lo que sucedió aquella noche). Pensaba que
la ganadora sería Bette Davis por Of Human Bondage (Servidumbre
humana), considerada la mejor versión fílmica de la novela
de W. Somerset Maugham.
Cuando Claudette supo que había ganado estaba por abordar un tren
a Nueva York. Se subió a un taxi, hizo una escala breve por la
ceremonia, recibió su premio y se fue.
1938:
El ventrílocuo Edgar Bergen y su muñeco Charlie McCarthy (que
el año anterior habían recibido un Oscar® Especial hecho de madera y con la boca articulada) le entregaron a Mickey
Rooney y Deanna Durbin dos Oscar® en miniatura a los Mejores Intérpretes Juveniles,
y la pequeña Shirley Temple le entregó un Oscar® Especial
“normal” y 7 en miniatura a Walt Disney por su largometraje de
animación Snow White and the Seven Dwarfs (Blanca Nieves
y los siete enanitos).
1939: Olivia-Joan,
Round 1. Si bien Joan Fontaine no tuvo participación
alguna en los premios de este año, aquí se empezó a gestar una
pelea entre ella y su hermana, Olivia de Havilland, que las ha
distanciado incluso hasta la actualidad. Olivia estaba segura
de ganar el Oscar® a la Mejor Actriz de Reparto por Gone With the Wind
(Lo que el viento se llevó), pero la triunfadora fue su
compañera de elenco, la adorable “Mammy”, Hattie McDaniel. De
Havilland rompió en llanto en público y tuvo que ser llevada aparte
por una amiga, que la tomó firmemente de los brazos y le ordenó
calmarse e ir a felicitar a su compañera Hattie. Al año siguiente
Joan obtuvo su primera nominación por Rebecca (Rebeca, una
mujer inolvidable, 1940), lo cual puso muy celosa a Olivia.
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1941:
Olivia-Joan, Round 2. Sucedió lo que tenía que pasar. Las
dos hermanas fueron nominadas para el mismo premio, Mejor
Actriz. Olivia por Hold Back the Dawn (La puerta de
oro) y Joan por Suspicion (La sospecha).
Como el premio estaba muy disputado para ellas dos (Bette
Davis y Katharine Hepburn) Joan no tenía expectativas de
ganar. Su hermana Olivia la “obligó” a asistir a la ceremonia.
Cuando se leyó el nombre de la ganadora (Joan), la actriz
que estaba siendo recompensada por haber perdido el año
anterior, se quedó como congelada, sabiendo lo que su victoria
acarrearía. Olivia la codeó para que reaccionara. Después
posaron juntas para los fotógrafos, pero los sentimientos
de Olivia habían quedado marcados para siempre. Nunca le
perdonó a su hermana haberle ganado.
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1942: La
Mejor Actriz, Greer Garson por Mrs. Miniver (Rosa de abolengo),
dio uno de los discursos de aceptación más largos de la historia
del Oscar®.
Durante años se dijo que había durado casi 20 minutos, pero en
realidad fueron menos de 6. El músico Iriving Berlin tuvo que
superar el bochorno de abrir el sobre de la categoría Mejor Canción,
que debía anunciar, y decir que el ganador era... él mismo. Desde
entonces, la Academia ya no le pide a candidatos a un premio que
lo presenten ellos mismos.
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1945:
La
nota de felicidad (y si llamaba la atención mejor aún) la
dio Joan Crawford, ganadora por Mildred Pierce (El
suplicio de una madre). Estaba enferma y confinada
al lecho, por lo que no esperaba ganar. Pero cuando se anunció
su nombre, los periodistas y un funcionario de la Academia
fueron a su casa para entregarle la estatuilla. La encontraron
perfectamente maquillada y con su mejor ropa de noche. ¿Cuál
creen que fue la imagen que ilustró las primeras planas
de los diarios del día siguiente?
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1946: Olivia-Joan,
Round 3. Finalmente Olivia estaba nominada
nuevamente para el premio mayor, y lo ganó, por To Each
His Own (Lágrimas de una madre). Cuando bajaba del podio
aferrando la estatuilla, su hermana Joan se acercó a felicitarla.
Olivia, con un gesto despectivo, la apartó y siguió su camino.
Al llegar a la mesa Olivia comentó: “No sé por qué hace esto cuando
sabe cómo me siento”. La disputa, captada por los fotógrafos,
ya era de público conocimiento, y durante años las periodistas
del espectáculo Louella Parsons y Hedda Hopper se encargaron de
echar leña al fuego en cada oportunidad que se les presentó. El
resultado fue la ruptura definitiva de las hermanas. En una nota
un poco más emotiva, el veterano de guerra Harold Russell, que
había actuado en The Best Years of Our Lives (Los mejores
años de nuestra vida), haciendo de lo que era, un ex combatiente
cuyas manos habían sido amputadas, recibió un Premio Honorario,
además de estar nominado como Mejor Actor de Reparto. Para sorpresa
de muchos, que esperaban una victoria de Claude Rains o Clifton
Webb, Russell se llevó también ese galardón.
1947: La
popular actriz Loretta Young no tenía le menor expectativa de
ganar el Oscar®
a la Mejor Actriz por The Farmer’s
Daughter (Mi adorable rival). Es más, figuraba última
en las encuestas. La favorita absoluta era su mejor amiga, Rosalind
Russell por Mourning Becomes Electra (Electra).
Pero cuando Fredric March anunció su nombre (y Rosalind ya estaba
levantándose de su butaca), Loretta tuvo que subir al podio. Tal
era su incredulidad que March le mostró su nombre en el sobre.
A los pocos minutos, ya en la sala de prensa, la confundida Loretta
exclamó: “Y Roz. ¿Ahora qué le digo a Roz?”.
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1948:
La
gran emoción de la noche fue el visible orgullo de Walter
Huston por el Oscar®
ganado por su hijo John, por la dirección
de Treasure of Sierra Madre (El tesoro de la Sierra
Madre). Pero eso no era todo. Walter había actuado
en la película, dirigido por su hijo, y fue ganador como
Mejor Actor de Reparto. Entonces, la emoción también fue
para el hijo, por haberle dado a su padre la oportunidad
de ganar su propio Oscar®.
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1954: Judy
Garland era la favorita absoluta para ganar como Mejor Actriz
por A Star is Born (Nace una estrella). Se encontraba
internada después de haber dado a luz a su hijo. La NBC tenía
cámaras listas fuera de su habitación. Pero la ganadora sorpresa
fue Grace Kelly, por The Country Girl (La que volvió por
su amor). Las cámaras fueron retiradas discretamente del
hospital. Ese mismo año la Mejor Actriz de Reparto fue Eva Marie
Saint, por On the Waterfront (Nido de ratas). Subió
al escenario muy emocionada y ¡muy embarazada! Dijo: “Creo que
voy a tener a mi bebé ahora mismo”. Y lo tuvo a los pocos días.
1956: Si
bien no estaba presente para darle más emoción al momento, Ingrid
Bergman fue la gran protagonista de la ceremonia, al ganar como
Mejor Actriz por Anastasia (Anastasia). Antes había
presentado al ganador de premio al Mejor Director, en una transmisión
desde París. Finalmente Hollywood la había perdonado. Seis años
antes había protagonizado un escándalo de proporciones. Viajó
a Europa para filmar bajo las órdenes del italiano Roberto Rossellini,
se enamoraron, ella quedó embarazada, y los dos abandonaron a
sus respectivos cónyuges e hijos. Obviamente, la meca del cine
no aceptaba este tipo de conductas, y la declaró persona non
grata. Nunca había vuelto a los Estados Unidos. Al anunciarse
el premio, que fue aceptado en su nombre por Cary Grant, la sala
explotó en un aplauso ensordecedor.
1960: Pocos años más tarde, Hollywood perdonaba
más rápido. Elizabeth Taylor había escandalizado al mundo del
cine cuando se enamoró de Eddie Fisher, esposo de su mejor amiga,
Debbie Reynolds. Eddie la estaba consolando por la trágica muerte
de su marido anterior, Mike Todd. Supuestamente la relación de
Eddie y Debbie había terminado, pero Hollywood no lo aceptó de
esa manera. En este año la nominaron por cuarta vez consecutiva,
por Butterfied 8 (Una Venus en visón), película
lamentable en que Taylor no merecía siquiera la nominación. Pero
un mes antes de la ceremonia Liz estuvo al borde de la muerte,
internada por una neumonía. Durante toda la ceremonia las cámaras
la enfocaron, pálida y demacrada. El premio lo ganó por esta circunstancia
y no por su actuación. Del brazo de su esposo, Fisher, caminó
lentamente al podio y agradeció con un hilo de voz. Días después,
Debbie Reynolds dijo: “¡Qué diablos! Si hasta yo voté por ella”.
Ambas actrices, que recompusieron su amistad con el correr de
los años, filmaron una película juntas, recientemente.
1962: La
rivalidad descarnada entre Bette Davis y Joan Crawford durante
la filmación del clásico del suspenso What Ever Happened
to Baby Jane? (¿Qué pasó con Baby Jane?) se trasladó a
la ceremonia del Oscar®. Bette recibió la última nominación de su carrera y Joan
quedó excluida. Indignada, Crawford se ofreció de voluntaria para
recibir el premio si ganaba cualquier actriz que no estuviese
presente en la sala. La ganadora fue Anne Bancroft por The
Miracle Worker (Ana de los milagros), quien estaba trabajando
en Broadway. Davis estaba tras bambalinas escuchando el resultado
de la votación. Al anunciarse el nombre, Crawford la corrió a
un costado y le dijo: “Permiso, necesito pasar. Tengo que recibir
un Oscar®”.
Y por el resto de la velada se paseó con la estatuilla como si
fuese propia. La venganza de Davis llegó cuando, dos años más
tarde, se decidió filmar una película similar juntando a las mismas
actrices y al mismo director. Mal que les pesase, las dos aceptaron,
pero antes de que se iniciase el rodaje, Joan Crawford tuvo que
abandonar el proyecto por problemas de salud. Encantada, Davis
la hizo reemplazar por su amiga Olivia de Havilland.
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1964:
Cuando llegó la hora de llevar al cine el exitoso musical de Broadway My
Fair Lady (Mi bella dama), el productor Jack Warner
no había aceptado contratar a la creadora del rol en Broadway
(Julie Andrews) bajo ningún concepto. Había cedido respecto
de Rex Harrison (que interpretó el papel en teatro junto
a la Andrews) y le había dado el rol del Profesor Higgins,
que hasta Cary Grant lo había rechazado. La elección para
interpretar a Eliza Doolittle recayó en Audrey Hepburn.
La hermosa y talentosa actriz estaba muy consciente de que
se metía en aprietos al aceptar el papel. Y tomó plena conciencia
cuando no sólo no la nominaron para el Oscar
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| (nominación que se merecía), sino que como favorita para el premio se perfilaba
Julie Andrews, por Mary Poppins (Mary Poppins, 1964).
Con la frente bien alta, Audrey aceptó concurrir a la ceremonia
a presentar el premio al Mejor Actor, que todos apostaban
iría a manos de su compañero de filmación, Rex Harrison. Las
dos predicciones se cumplieron. En su discurso de aceptación,
Andrews muy irónicamente le agradeció a Jack Warner por no
haberle dado el papel de My Fair Lady, lo que
le permitió filmar Mary Poppins y de Sound
of Music (La novicia rebelde, 1965). Y el pobre Rex
Harrison, desgarrado en su lealtad, como buen caballero inglés
salió más que airoso cuando, muy emocionado, después de haber
recibido el premio de manos de Audrey, dijo: “Creo que este
premio le pertenece a... bueno... a mis dos bellas damas”.
Audrey sonrió. Julie sonrió. Y todo quedó perdonado. |
1966: Elizabeth Taylor se vio reivindicada al recibir un Oscar® absolutamente merecido
por Who’s Afraid of Virginia Wolf? (¿Quién le teme a Virginia
Woolf?), si bien no asistió a la ceremonia. Lamentablemente
tuvo que soportar la injusta derrota de su marido Richard Burton
como Mejor Actor. Dicho sea de paso, ese año Liz le ganó a las
hermanas Vanessa y Lynn Redgrave, que si bien a lo largo de la
vida han tenido sus entredichos, el Oscar® no fue uno de ellos.
Concurrieron a la ceremonia juntas y muy felices.
1968: Katharine Hepburn había ganado un Oscar® “sentimental” el año anterior por Guess
Who’s Coming to Dinner (Adivina quién viene a cenar, 1967)
y era nuevamente candidata por The Lion in Winter (El león
en invierno), una actuación mucho más merecedora. Ingrid
Bergman estaba a cargo de presentar el premio. Empezó a decir
“Y la ganadora es...”, vio la papeleta y anunció incrédula: “¡Es
un empate! Las ganadoras son Katharine Hepburn y Barbra Streisand”.
Este empate no era como el de Fredric March y Wallace Beery, 35
años antes. Las dos actrices debieron recibir la misma cantidad
exacta de votos. Barbra Streisand, quien había tomado a Hollywood
por asalto con Funny Girl(1968), subió a recibir
su premio vestida con una especie de pijama transparente que escandalizó
a muchos.
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