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1970: George C. Scott, que en 1959 había rechazado una nominación por Mejor Actor
de Reparto, dio una interpretación magistral en Patton (1970).
Consultado sobre cuál sería su actitud si lo nominaban, se mantuvo
callado, muy convenientemente, hasta que el plazo de entrega de
los votos había transcurrido y éstos ya estaban siendo contados.
Recién entonces dijo que rechazaría la nominación, porque consideraba
que las ceremonias del Oscar® eran un “desfile de carne” y la competencia
entre colegas era insana. La nominación le llegó igual, y la Academia
se negó a retirársela. Cuando Goldie Hawn abrió el sobre para revelar
el ganador de la categoría Mejor Actor exclamó: “¡Ay, Dios mío!
Es George C. Scott!”.
1971: La nominada favorita para recibir el premio a la Mejor Actriz era Jane Fonda,
por Klute (Mi pasado me condena, 1971). Pero había
un pequeño problema. Sus ideas políticas eran bastante polémicas
y se temía que aprovechase su victoria para lanzarse a un discurso
fuera de lugar. Su padre, Henry Fonda, tomó cartas en el asunto,
y al recibir el premio Jane dijo: “Habría muchas cosas para decir,
pero no las voy a decir esta noche. Me limitaré a agradecerle a
los miembros de la Academia”. Un momento altamente emotivo durante
la ceremonia fue la entrega de un Premio Honorario a Charles Chaplin,
quien volvió a Estados Unidos (país del que había sido exiliado
por sus ideas políticas) especialmente para ello. Chaplin recibió
una ovación y se emocionó tanto que, con casi 83 años, intentó hacer
un pequeño malabar con el bastón y el sombrero, con tan mala suerte,
que ambos fueron a dar al piso. Pero lo importante, el reconocimiento
de todo Hollywood rodeándolo, nadie se lo pudo quitar.
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1972:
Marlon Brando estaba nominado por su papel de Don Corleone en The Godfather
(El padrino, 1972). Brando, quien antes había aceptado
nominaciones y un premio, estaba indignado por el tratamiento
que Hollywood le había dado a los indios en el cine. Cuando
Roger Moore y Liv Ullmann anunciaron su victoria, subió al escenario
una mujer india, diciendo llamarse Sacheen Littlefeather, y
ni siquiera tomó la estatuilla en sus manos. Leyó una carta
en la que Brando fundamentaba su rechazo del premio. |
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Esto le ganó la ira de todo Hollywood, por despreciar a la industria que le
daba de comer. Tanto más cuando se descubrió que la supuesta
muchacha india no era tal, sino una aspirante a actriz, María
Cruz, que en algún momento había ganado el concurso “Miss Vampiro
USA”.
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1973:
Cuando
David Niven se preparaba para presentar a Elizabeth Taylor sucedió
lo que algunos ya habían imaginado. Era la época de los “streakers”,
personas que se cruzaban desnudas frente a las cámaras de eventos
de cualquier tipo. A mitad de la presentación, a David Niven
le llamó la atención algo a sus espaldas y allí estaba: un streaker
pasó corriendo a la vista de los cientos de millones de espectadores.
El público estalló en risas y exclamaciones de asombro. Con
un ingenio envidiable, el actor británico se rascó la oreja,
puso cara de circunstancia y dijo: “Damas y caballeros, esto
tenía que suceder. Pensar que probablemente la única vez que
este hombre vaya a provocar risa en su vida sea por haberse
sacado la ropa y mostrado... sus falencias”. |
1974: Una
consternada Ingrid Bergman subió a recibir su premio a la Mejor
Actriz de Reparto por Murder on the Orient Express (Crimen
en el Expreso Oriente, 1974). La favorita para ganar era
su amiga Valentina Cortese, por interpretar a una actriz despistada
en La nuit américaine (La noche americana, 1973).
En uno de los mayores gestos de generosidad imaginables, Bergman
dijo: “Es siempre lindo ganar un Oscar®, pero Valentina Cortese dio una actuación tan hermosa que todas
las actrices nos reconocimos en ella. Acá estoy, su rival, y no
me gusta para nada. ¿Dónde estás?”. La cámara enfocó a Cortese que
le tiraba besos, e Ingrid concluyó: “Por favor, te pido disculpas,
Valentina. No fue mi intención”.
1975: La
ganadora del premio a la Mejor Actriz, Louise Fletcher por One
Flew Over the Cuckoo’s Nest (Atrapado sin salida, 1975)
derritió los corazones de los espectadores al agradecerles a sus
padres, ambos hipoacúsicos, mientras pronunciaba su discurso y lo
gesticulaba en el lenguaje para sordos.
1977: En
este año Jane Fonda y Vanessa Redgrave protagonizaron Julia.
Contrariamente a la mesura que aplicó Fonda durante su aceptación
en 1971, Redgrave aprovechó el podio para largarse a una tirada
en contra de los “atorrantes militantes sionistas” que manifestaban
en su contra fuera del teatro. El público la abucheó abiertamente.
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1978:
Uno
de los momentos más emotivos de la historia del Oscar® y
que sirvió, además, para apreciar el genio de quien quizás
sea el mejor actor de todos los tiempos fue el Premio Honorario
a Laurence Olivier. Conmovido, el actor pronunció un discurso
magistral, haciendo gala de una oratoria y dominio del idioma
envidiables. A mitad del discurso, la cámara enfocó la reacción
de Jon Voight, que se tomaba la cabeza como quien no cree
lo que está oyendo. En la misma ceremonia se vivió una de
las experiencias más tristes en los anales del Oscar®. El
año anterior, durante la ceremonia correspondiente a 1977,
Bob Hope había enviado un mensaje a John
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| Wayne,
que estaba hospitalizado luchando contra el cáncer. Le comentaba
que esperaba que al año siguiente se diese una vuelta por los
Oscar®. Pocos días antes de los Oscar® 1978, Wayne confirmó
que su salud le permitiría asistir. Después de pasar el “clip”
del comentario de Hope, el maestro de ceremonias, Johnny Carson,
dijo: “Damas y caballeros, el Sr. John Wayne”. La ovación de
pie que recibió a continuación es una de las más largas de que
se tenga memoria. “El Duque” dijo: “Gracias. Éste es el mejor
remedio que se puede pedir. Me alegra haber podido darme una
vuelta por acá esta noche. Al fin y al cabo tenemos algo en
común con el Oscar®. Los dos llegamos a Hollywood en 1929, los
dos estamos un poco maltrechos, pero aquí seguimos y aquí planeamos
estar por mucho tiempo”. Una vez que realizó su tarea (presentar
la Mejor Película), para evitar que Wayne tuviese que salir
de escena, Carson lo invitó a quedarse, ya que algunos amigos
lo querían saludar. La ceremonia terminó con el escenario invadido
por los ganadores y presentadores, todos saludando, felicitando
y deseándole lo mejor a esta leyenda de Hollywood. John Wayne
falleció menos de tres meses después. |
1981: En
la ceremonia correspondiente a 1977, Barbara Stanwyck y su querido
amigo William Holden presentaron juntos el premio al Mejor Sonido.
En esa oportunidad, Holden dijo: “Hace exactamente 39 años Barbara
y yo estábamos trabajando juntos en Golden Boy (El conflicto
de dos almas). No me estaba yendo nada bien y me pensaban
reemplazar. Pero debido a este hermoso ser humano que está a mi
lado y a su interés, comprensión, estímulo e integridad profesional,
estoy aquí esta noche”. Barbara se emocionó hasta las lágrimas y
ambos se abrazaron. En 1981, Stanwyck recibió un Premio Honorario
(había sido nominada cuatro veces y nunca había ganado). William
Holden había fallecido meses antes. Al cerrar su discurso de aceptación,
Barbara dijo: “Hace unos años estuve en este mismo escenario con
William Holden. Yo lo quería entrañablemente y lo extraño. Siempre
quiso que me diesen un Oscar®”. Levantó la estatuilla con los ojos llenos de lágrimas
y concluyó: “Así que esta noche, mi muchacho dorado, se ha cumplido
tu deseo”.
1984: Sally
Field ganó este año su segundo Oscar®. El primero había sido en 1979 por Norma Rae(1979),
y esta vez por Places in the Heart (En un lugar del corazón,
1984). En un efusivo discurso de aceptación que lamentaría
después, Sally expresó: “Este premio es tanto más importante para
mí que el primero. La primera vez no sentí lo que siento ahora.
No puedo negar el hecho de que ¡me quieren!, ¡me quieren!”. (“You like me! You like me!”). Muchos años después sus palabras seguían
siendo reproducidas como broma por ganadores de los premios más
disímiles.
1985: El
premio a la Mejor Película Extranjera fue anunciado por Norma Aleandro
y Jack Valenti. Valenti le mostró el nombre del ganador a Norma
para que lo dijera y ella, llevándose la mano a la cara, dijo: “Dios
los bendiga, La historia oficial (1985)”. Después
se abrazó emocionada al director, Luis Puenzo. Fue la única victoria
del cine de América Latina en la categoría Mejor Película en Idioma
Extranjero.
1986: Por
una cuestión de cábala, el ganador al Mejor Actor, Paul Newman,
no asistió a la ceremonia. Las seis veces anteriores lo había hecho
y había perdido. Extrañamente, la Academia lo debía considerar un
caso perdido, porque el año anterior le había conferido un Premio
Honorario a su trayectoria. Lo mismo había pasado con Henry Fonda,
en 1980 y 1981. En 1980 le dieron el Oscar®
Especial, y al año siguiente lo ganó
en competencia por On Golden Pond (En la laguna dorada, 1981).
Dicho sea de paso, en la segunda oportunidad ya estaba muy enfermo
para asistir a la ceremonia, y una Jane Fonda muy cambiada lo aceptó
en su nombre, muy conmovida.
1991: El
ganador al Mejor Actor de Reparto, Jack Palance por City Slickers
(Amigos, siempre amigos, 1991) dio la nota de humor. Para
promocionarse como un actor dinámico a pesar de sus años, Palance
interrumpió su discurso e hizo unas cuantas flexiones en el piso,
con un solo brazo. El maestro de ceremonias, Billy Crystal, usó
este episodio como muletilla el resto de la velada.
1992: La
Academia otorgó este año su Premio Humanitario Jean Hersholt a dos
actrices hermosas y famosas por sus obras de caridad: Elizabeth
Taylor y Audrey Hepburn. El momento fue particularmente emotivo,
porque para cuando se realizó la ceremonia Hepburn había fallecido
de cáncer. Otro Premio Honorario fue a manos de Federico Fellini.
Se lo presentaron sus intérpretes favoritos, Sophia Loren y Marcello
Mastroianni. La esposa de Fellini, la actriz Giulietta Massina,
lagrimeaba en su asiento. En un momento, Fellini le dijo: “Por favor,
Giulietta. ¡Basta de llorar!” Unos años después, ambos murieron
con poco tiempo de diferencia.
1993:
Dos momentos fueron muy cargados de emoción. Steven Spielberg recibió
su primer Oscar® después de muchos años de ser ignorado. Además, el
premio lo recibió por Schindler’s List (La lista de Schindler,
1993), una película de por sí desgarradora. Y Tom Hanks
ganó su primer Oscar® al Mejor Actor por Philadelphia (Filadelfia,
1993). En su discurso de aceptación rindió homenaje a la
comunidad gay y dedicó el premio a uno de sus maestros de
escuela, que era homosexual (esta anécdota fue la base argumental
de la entretenida comedia In & Out / ¿Es o no es?).
1995: El público conmovido se levantó para ovacionar a Christopher Revee (quien quedó
tetraplégico luego de sufrir una caída a caballo) cuya participación
no había sido anunciada.
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1996:
El ganador del Oscar® al Mejor Actor, Cuba Gooding, Jr., de Jerry Maguire
(1996), demostró en el escenario igual energía que usó
en el film para popularizar la frase “Show me the money!”
(“¡Muéstrame el dinero!”). Empezó su discurso bien, pero el
entusiasmo lo fue ganando y terminó a los saltos y gritos,
agradeciéndole a Dios, a Tom Cruise, y a todo los presentes.
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1997: El discurso de aceptación de James Cameron por su triunfo en Titanic (1997)
no fue muy bien recibido por el público y la crítica. Al menos no
lo consideraron muy modesto. Robándole una línea de diálogo al protagonista
Leonardo DiCaprio, levantó su estatuilla y exclamó: “¡Soy el rey
del mundo!”
1998: Roberto
Benigni y Sophia Loren brindaron la nota de emoción y humor. Ella
por su entusiasmo al anunciar el premio a la Mejor Película en Idioma
Extranjero, La Vita è Bella (La vida es bella, 1997),
y él, al abrirse camino al podio subiéndose sobre los respaldos
de las butacas, y deleitando al público con su inglés elemental
en el que aseguraba querer zambullirse en el mar de generosidad
de la platea y besar y abrazar a cada asistente.
M.C.
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