 |
 |
Por Marcos
Celesia de HollywoodClasico.com

Hacia mediados
de la década del '20 los estudios de Hollywood empezaron a preocuparse
porque percibían una tendencia creciente. Parecía que la industria
del cine, esa mágica creación que había revolucionado el concepto
del entretenimiento, estaba cayendo en desgracia por la cantidad
de escándalos personales de sus estrellas y por el tono crecientemente
permisivo que se iba observando en algunas películas. Todo esto
generaba muchas críticas del público en general, horror de los representantes
de la
iglesia y amenazas de las autoridades sobre la posibilidad de empezar
a aplicar un sistema de censura.
 |
Fue
así que los jefes de los estudios de Hollywood decidieron
reunirse para tratar de atacar el problema por dos frentes.
Por un lado resolvieron "censurarse" ellos mismos,
a su conveniencia, antes de que vinieran a censurarlos de
afuera. Convocaron a Will H. Hays, presidente de la Asociación
Estadounidense de Productores y Distribuidores Cinematográficos,
para que creara un Código de Producción, donde se delimitase
muy claramente qué se permitía y qué no en el cine. Este Código,
quizás más estricto de lo que habría sido en otras circunstancias,
se llamó el Código Hays, y rigió los destinos morales de Hollywood
por muchos años. |
 |
El
patriarca de la MGM, Louis B. Mayer, reunido con Fred Niblo,
Conrad Nagel y Fred Beetson, comentó que debería
formarse una Asociación para agrupar a representantes
de alto rango de Hollywood para resolver las disputas laborales
que eran una plaga para los estudios y para ayudar a pilotear
el rumbo de los cambios tecnológicos, artísticos
y también gremiales que acarrearía la llegada
del cine sonoro. |
|
Pero seguía
existiendo el tema de la reputación de la industria. Aparte
de la maquinaria publicitaria y amarillista que siempre sirve
a quienes la alimentan, estaba la necesidad de que el público
pudiese separar la película que veía y el cine como forma
de expresión artística de los escándalos que trascendían al
público antes de que los jefes de prensa de los estudios los
lograsen frenar. La idea era llamar la atención sobre las
obras de mayor calidad de la cinematografía, mediante la entrega
de un premio. |
 |
La
primera reunión que se organizó para analizar el tema tomó
lugar el 11 de enero de 1927, con la presencia de 36 líderes
de la industria. Mary Pickford, Douglas Fairbanks, Frank Lloyd,
Cecil B. DeMille, Raoul Walsh, Richard Barthelmess, Jack L.
Warner, Irving Thalberg y Harold Lloyd, entre otros. Allí
terminó de tomar forma la propuesta de entregar de premios
anuales para reconocer los logros de excelencia en la industria
cinematográfica. Los llamaron en ese momento "premios
al mérito". Estos 36 notables se convirtieron en los
socios fundadores de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas
(Academy of Motion Picture Arts and Sciences, ©AMPAS®). El
4 de mayo de 1927 quedó legalmente constituida como una asociación
sin fines de lucro. |

 |
La
Academia le encomendó a Cedric Gibbons, director del departamento
de arte de la MGM, que diseñase una estatuilla. Una de las
muchas leyendas que durante años circularon sobre el Oscar®
es que Gibbons hizo el esbozo de la estatuilla en un mantel
del restaurante en que se realizó una de esas primeras reuniones.
Él propio Gibbons se encargó de desmentir esta versión años
más tarde. Habría hecho el diseño durante una reunión de directorio:
la figura de un hombre erguido, que sostiene una espada y
está parado sobre un rollo de celuloide. El escultor George
Stanley fue el responsable de materializar una estatuilla
que, base incluida, mide 34 cm, y pesa más de 4 kilos.
Fueron varios los que se asignaron la "autoría"
del nombre Oscar®. Hasta ahora no se sabe, a ciencia cierta,
quién es el verdadero creador, pero las versiones que han
perdurado en el tiempo son:
1. La bibliotecaria de la Academia, Margaret Herrick, vio
la estatuilla y exclamó: "¡Pero si se parece a mi tío
Oscar!".
2. Bette Davis siempre aseguró que ella le dio el nombre,
ya que su esposo se llamaba Harmon Oscar Nelson.
3. El columnista Sydney Skolsky insistió en que el nombre
derivó de un viejo chiste del mundo del "music hall":
¿Querés un habano, Oscar? |
| Fotos:
Los
primeros ganadores del Oscar® 1927-28: la película
Wings (Alas) y los intérpretes Emil Jannings
y Janet Gaynor. |
|
|