La Academia está dividida en diferentes "ramas", según la actividad dentro de la industria: productores, directores, intérpretes, músicos, etc. La votación es secreta. Cada miembro de la Academia recibe por correo su formulario para votar. En el caso de la primera votación, para definir las nominaciones, se vota dentro de su propio rubro. Es decir, los directores votan por los directores y los guionistas por los guionistas. Y así para todas las categorías, salvo la de Mejor Película, que es votada por todos los miembros. Por ejemplo, los cinco directores de fotografía que obtuvieron más votos de sus pares son designados oficialmente como los nominados.

La categoría Mejor Película Extranjera tiene un método especial, que explicamos en la sección AMÉRICA LATINA Y EL OSCAR® y un método similar se aplica a las categorías de Documentales y Cortos.

Para la votación final, la totalidad de casi 5.700 miembros de la Academia tienen derecho a votar por todos los premios. Es por esto que muchas veces se dice que la lista de nominados es más representativa de la "excelencia" de ese año que el ganador. Los miembros de las categorías técnicas en particular se quejan de que los intérpretes o guionistas voten quién se va a llevar el premio al Mejor Sonido o a los Mejores Efectos Especiales. Todo es muy debatible, pero los Oscar® han funcionado así desde siempre y por algo representan lo que representan: el máximo galardón a que puede aspirar cualquier persona relacionada al mundo del cine.


En otras palabras, ¿se puede llegar a influir tanto sobre los votantes como para definir el premio?... ¿Se puede comprar un Oscar®? A lo que muchos responden: "Si se pudiese comprar uno, yo ya me lo habría ganado hace mucho". Pero analicemos el tema en mayor detalle. En la época de los grandes estudios Louis Mayer, Harry Cohn, Jack Warner y otros de influencia le "aconsejaban" a todo el personal del estudio a quién debían votar. Una vez que estas personalidades perdieron su peso tan determinante empezaron las campañas de publicidad en los diarios del espectáculo, por ejemplo Variety o The Hollywood Reporter.

Antes de las nominaciones salen avisos marcados "Para su consideración"... Con el correr de los años la sofisticación llevó a que los miembros de la Academia se vean literalmente inundados de videos con películas, incitándolos a votar por ellas. Resulta gracioso comparar esto con el hecho de que en los inicios del Oscar® se consideró escandaloso que Mary Pickford hubiese invitado a algunos miembros votantes a tomar el té y después hubiese ganado. En la actualidad este bombardeo promocional preocupa a la Academia, que está analizando si debe tomar alguna medida al respecto.

Pero lo que importa de todo esto es que estamos hablando de más de 5 mil personas. Podrán haber visto tal o cual video. Su opinión de una película que vio en video quizás sea diferente de lo que habría sentido sentado en la butaca de una sala cinematográfica. Habrá visto los avisos en las publicaciones o la Internet, pero cuando se siente con una taza de café, con el formulario adelante, para votar un premio que respeta profundamente, es altamente probable que se olvide de todo lo que vio, oyó o, en otras épocas, lo que le ordenaban sus "jefes". Va a votar por lo que su gusto y su corazón le indiquen. Sin lugar a dudas el corazón entrará en juego y puede resultar en los premios "sentimentales".



Pero la magia del premio de la Academia perdura desde hace 72 años. Se ha acrecentado. Genera avidez de los amantes del cine por saber todo sobre el Oscar® (ver ESTADÍSTICAS). La ceremonia de entrega es presenciada por más de mil millones de personas en todo el mundo, y sigue sorprendiéndonos, generando comentarios, haciéndonos reír y llorar (ver MOMENTOS INOLVIDABLES y SORPRESAS TE DA EL OSCAR®).

Hay quienes hablan de la "mala suerte" del Oscar®, del dilema de muchos actores y actrices respecto de cómo superarse después del logro. Varios han demorado su siguiente film hasta dos o tres años. Cuando se les pregunta el valor del premio, muchos responden displicentemente que esperan ganar más dinero, y que el único valor que tiene el galardón es que el día que se mueran los diarios dirán "Falleció el ganador del Oscar®..." Pero eso lo dicen para las cámaras. Nada similar habrán dicho Spencer Tracy, Bette Davis, David Niven, Susan Hayward y Robin Williams al recibir sus estatuillas. Seguramente la abrumadora mayoría jamás olvidará la sensación de logro, de reconocimiento de sus pares, de emoción que vivieron esa noche, por unos minutos. La vida sigue y las carreras profesionales pueden tener sus altibajos, pero ya nadie les podrá quitar un sueño hecho realidad, que se corporizó en la dorada estatuilla de la Academia: el Oscar®.

-