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Glorias de Hollywood: James Stewart, el hombre común James Stewart fue la personificación del hombre simple y de fuertes principios. Éste es nuestro homenaje a una de las glorias del cine. Por Marcos Celesia |
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James Stewart fue uno de los actores más naturales del cine mundial. Quizás por su forma pausada de hablar, con un timbre de voz tan peculiar y reconocible, su imagen y la de sus personajes siempre apuntaron hacia el hombre común, bueno, galante, algo tímido, incluso casi simplón. Las impresiones que transmite a su público son similares a las que podríamos dec ir que refleja Tom Hanks, entre los actores contemporáneos. James Stewart se destacó por la facilidad y destreza con que abordó prácticamente todos los géneros. Fuera en la comedia, en el drama, en el western o en el cine del mejor suspenso de la mano de Alfred Hitchcock, James Stewart nunca desentonó. Protagonizó clásicos absolutos en cada uno de esos géneros: la comedia The Philadelphia Story (Pecadora equivocada, 1940), el drama Mr. Smith Goes to Washington (Caballero sin espada, 1939), el melodrama It’s a Wonderful Life (Qué bello es vivir, 1946), el western The Man Who Shot Liberty Balance (Un tiro en la noche, 1962) y el thriller Vertigo (Vértigo, 1958). La escena en que toma la palabra en el Congreso durante horas en Mr. Smith, o su conmovedora personificación en It’s a Wonderful Life, deberían figurar en una antología de las mejores actuaciones de la historia del cine. James Maitland Stewart nació el 20 de mayo de 1908 en Indiana, Pennsylvania. Su padre, que luego sería combatiente en la Primera Guerra Mundial, era propietario de una ferretería. Junto a dos hermanas, Stewart disfrutó de una infancia en que sus padres le inculcaron los valores que forjaron su personalidad y luego se vieron reflejados en el celuloide. Nada parecía indicar que James se dedicaría a la actuación, por más que escribió dos obras de teatro caseras, aprendió a tocar el acordeón (cosa que hizo en presentaciones públicas y en alguna película) y realizó trabajos en la compañía teatral de Joshua Logan. Stewart se recibió de arquitecto a los 24 años, y no tenía más aspiraciones que simplemente volver al hogar familiar y ayudar a su padre en la ferretería. Sin embargo, la compañía teatral le dio un breve papel en la obra “Carrie Nation”, que luego sería representada en Broadway.
La gran oportunidad le llegó con Of Human Hearts (Ingratitud, 1938), una conmovedora historia del enfrentamiento de Stewart con su padre, Walter Huston, y un posterior y desgarrador reencuentro con su madre, la maravillosa Beulah Bondi. Ese mismo año consiguió que la Columbia requiriera sus servicios para lo que sería su primera colaboración con Frank Capra: You Can’t Take it With You (Vive como quieras, 1938). En esta adaptación de la obra teatral de Kaufmann y Hart acerca de una familia muy peculiar, comparte cartel con Jean Arthur y Lionel Barrymore. El film ganó el Oscar® a la Mejor Película de 1938, además de un segundo galardón para Capra y otras cinco candidaturas. Actor y director volvieron a colaborar el año siguiente, en la entrañable Mr. Smith Goes to Washington. En esta joya del cine social Stewart representa a un simplón con inexistente experiencia política que es seleccionado por un partido para cubrir una banca en el Congreso. La idea del partido es que podrán manejarlo a su antojo y usarlo para fomentar sus intereses. Pero este caballero sin espada se enfrenta a sus “jefes” cuando se trata de aprobar una ley perjudicial para la población y, como última opción, recurre a tomar la palabra durante el debate y retenerla durante horas, hasta que el plazo para aprobar la ley haya vencido. Stewart está acompañado por Jean Arthur, la secretaria de la cual se enamora sin saber que es una periodista, el senador Claude Rains, el corrupto Edward Arnold y el periodista Thomas Mitchell. El film recibió 10 nominaciones para el Oscar®, incluidas la primera de la carrera de Stewart, Película y Director. Sin embargo, 1939 fue el año de Gone With the Wind (Lo que el viento se llevó) que arrasó con casi todas las categorías en las que competía. Curiosamente, a pesar de excelentes actuaciones de Clark Gable como Rhett Butler, Stewart, Laurence Olivier en Wuthering Heights (Cumbres borrascosas, 1939) y el infinitamente popular Mickey Rooney en Babes in Arms (Hijos de la farándula, 1939), el ganador sorpresa fue Robert Donat por su predecible y acaramelada actuación en Goodbye, Mr. Chips (Adiós Mr. Chips, 1939). No obstante, como suele suceder con la Academia de Hollywood, quizás a título de consuelo le dieron a Stewart su premio al Mejor Actor al año siguiente. En rigor de verdad, Stewart podría haberse dividido los votos entre The Shop Around the Corner (El bazar de las sorpresas, 1940), su tercer film con Margaret Sullavan, y The Philadelphia Story (Pecadora equivocada, 1940). Pero fue esta última, dirigida por George Cukor y coprotagonizada por Katharine Hepburn (su regreso triunfal a Hollywood después de ser catalogada de “veneno para la taquilla”) y el elegante Gary Grant. Si bien hay quienes dicen que su Oscar® es más que merecido, y no es un mero premio consuelo, muchos se quejan de que derrotara a su mejor amigo, Henry Fonda, en una de las actuaciones emblemáticas del cine estadounidense, su Tom Joad en The Grapes of Wrath (Viñas de ira, 1940). Stewart envió la estatuilla a su padre, quien la exhibió con orgullo, durante muchos años, en la vidriera de la ferretería familiar. Los pocos roles que le siguieron no fueron merecedores del talento de Stewart, quien en 1941 –meses antes de Pearl Harbor– se enroló en la Fuerza Aérea para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Demasiado modesto para alardear de su brillante carrera bajo servicio, Stewart se mantuvo activo hasta el final de la guerra, participando como piloto en peligrosas misiones. Cuando regresó a Hollywood ya había perdido ese aspecto tan juvenil, pero su retorno a los sets de filmación se dio en un gran clásico que se repite interminablemente en la TV. Reunido con Frank Capra, esta vez encaró la historia de un veterano de guerra que regresa a su pueblo natal para descubrir que aparentemente se le cierran todas las puertas. Acompañado por Donna Reed, Lionel Barrymore, Thomas Mitchell y Beulah Bondi como su madre, recibió su tercera nominación para el Oscar® en It’s a Wonderful Life (1946) (vea nuestra nota al respecto en Aniversarios Edición 3). La película que se llevó los premios a Mejor Película, Director, Actor (Fredric March) y Actor de Reparto en 1946 fue The Best Years of Our Lives (Lo mejor de nuestra vida, 1946), Este film de William Wyler también se ocupaba del drama de los combatientes que regresar a su país después de vivir los horrores de la guerra. Cabe mencionar que Beulah Bondi interpretó a la madre de Stewart en cuatro ocasiones en el cine y en una vez más en la TV: en Of Human Hearts, en la película que nos ocupa ahora, en Vivacious Lady (Al fin solos, 1938) y en Mr. Smith Goes to Washington. A partir de este momento Stewart empezó a actuar sin la protección de un contrato con ningún estudio. A la vez puso final a su larga soltería y, en 1949, contrajo matrimonio con Gloria Hatrick McLea, a quien acompañó hasta su muerte y quien le diera cuatro hijos. Y en lo que a esta crónica se refiere, ordenaremos el comentario de sus principales filmes posteriores por temática o director, antes que seguir un orden cronológico.
Otro género que mantuvo ocupado a Stewart fueron las películas biográficas: interpretó al deportista Monty Stratton en The Stratton Story (Retorna el campeón, 1949), junto a June Allyson, a un famoso músico en The Glenn Miller Story (Música y lágrimas, 1954), acompañado por Doris Day, y al aviador Charles A. Lindbergh en The Spirit of Saint Louis (El águila solitaria, 1957). Stewart incursionó en algunos pasos de comedia, pero el referente innegable es la maravillosa Harvey (Harvey, 1950). En 1947 Stewart regresó brevemente a las tablas de Broadway en la exitosa comedia “Harvey”, de Mary C. Chase, como reemplazante del protagonista Frank Fay durante el verano. Cuando llegó la hora de llevarla al cine, la elección lógica fue Stewart. Los productores aceptaron que la veterana Josephine Hull repitiera el rol de la hermana de Stewart. Stewart es un personaje extraño y despistado, convencido de que lo acompaña el espíritu gigante de un conejo. Cuando la hermana quiere encerrar a Stewart en un manicomio para no perjudicar los intentos de casar a su hija, la que termina institucionalizada es la misma Hull. En un año muy competitivo para el Oscar®, Harvey recibió sólo dos nominaciones. Stewart fue reconocido por haber transmitido la inocencia y convicción de este hombre tan simple, recurriendo a muchos de los tics que siempre lo caracterizaron, pero sin caer jamás en la auto parodia. La estatuilla fue para Jose Ferrer en Cyrano de Bergerac (Cyrano de Bergerac, 1950), pero la encantadora Josephine Hull se llevó la estatuilla a la Mejor Actriz de Reparto, venciendo a quien (en retrospectiva) debería haber ganado: Thelma Ritter en All About Eve (La malvada, 1950).
Y llegamos finalmente a los westerns. Su participación en el género es copiosa, y muchos de ellos fueron excelentes, así que nos limitaremos a mencionar los principales en un orden lógico. El mismo Stewart nos ha hecho fácil el trabajo, porque tuvo por costumbre trabajar en varios films seguidos para un mismo director, y después pasar a otro. Lo que sí: en el 90% de las oportunidades estaba acompañado de otro actor de similar calibre, como contrafigura o compinche. Después de la muy bien recibida Broken Arrow (La flecha rota, 1950), dirigida por Delmer Daves y coprotagonizada por Jeff Chandler, llegamos a su período Anthony Mann. Stewart se puso a sus órdenes en cinco westerns seguidos: Winchester 73 (Winchester 73, 1950), Bend of the River (Tierra y esperanza, 1952), junto a Arthur Kennedy; The Naked Spur (El precio de un hombre, 1953), con Robert Ryan; The Far Country (Sin miedo y sin tacha. 1955) y The Man from Laramie (Hambre de venganza, 1955), nuevamente con Arthur Kennedy. Luego llegaron cuatro films con el más grande de todos los directores del género: John Ford.
Con apariciones especiales en cine y televisión, James Stewart siguió actuando hasta 1992. En 1994 falleció su inseparable esposa, Gloria, y él le siguió el 2 de julio de 1997, a los 89 años, a causa de un paro cardíaco y otras complicaciones relacionadas con lo avanzado de su edad. Su legado perdura, como lo reflejan diversas encuestas de diferentes publicaciones, que lo ubican entre los mejores actores de todos los tiempos. Recientemente fue distinguido por el gobierno de los Estados Unidos, cuya Oficina de Correos emitió una estampilla con su imagen. NOMINACIONES PARA EL OSCAR®: 1939. Mejor Actor por Mr. Smith Goes to Washington. Perdió
ante Robert Donat. Gran papelón profesional: Haber actuado en la lamentable The Greatest Show on Earth (El espectáculo más grande del mundo, 1952) que le ganó el Oscar® a la Mejor Película nada menos que a High Noon (A la hora señalada, 1952) y a The Quiet Man (El hombre quieto, 1952). Peor momento personal: Algunas críticas que recibió por sus opiniones políticas de ultraderecha. El director John Ford llegó a acusarlo de ser racista por unos comentarios que realizó refiriéndose al actor afroamericano Woody Strode durante la filmación de The Man Who Shot Liberty Valance. Sin embargo, el mismo Strode salió en su defensa. |
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