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The Miracle Worker
(Ana de los milagros, 1962)

Por Marcos Celesia

Imagine el lector una muñeca rudimentaria, pero con la característica especial de que fue hecha con sus propias manos por una niña ciega, sorda y sin los sentidos del tacto ni del olfato. Ése fue el regalo que Anne Sullivan le llevó a Helen Keller cuando, en 1886, llegó al hogar de los Keller para tratar de sacar a Helen del mundo incomprensible de silencio y oscuridad en el que vivía. 

Helen Keller, nacida en 1880 y fallecida en 1968, quedó ciega y sorda como consecuencia de una posible meningitis o escarlatina cuando tenía un año y medio de vida. Gracias a la ayuda de su maestra Anne Sullivan, obtuvo logros increíbles a lo largo de su vida. Aprendió a hablar, podía leer francés, alemán, griego y latín en Braille. Fue la primera mujer en sus circunstancias que obtuvo un título universitario y, con los años, fue activista política, autora, confidente de más de un presidente de los Estados Unidos y líder mundial e inspiración para millones de personas.

Su vida fue objeto de un film mudo, Deliverance (Liberación, 1919), en el cual se representaba toda su vida hasta el momento. Incluso aparecían tanto ella como su maestra. Sin embargo, el verdadero homenaje fue la obra teatral “The Miracle Worker”, estrenada en Broadway el 19 de octubre de 1959, con autoría de William Gibson y dirección de Arthur Penn. No obstante, el debut no fue en Broadway, sino en el prestigioso programa televisivo “Playhouse 90”. Esta suerte de “prueba piloto” de la obra, transmitida el 7 de febrero de 1957, fue protagonizada por Teresa Wright en el papel de Anne Sullivan, acompañada de la Helen Keller de Patty McCormack, la joven actriz nominada para el Oscar® por su notable interpretación de una niña malvada en The Bad Seed (La mala semilla, 1956). La obra “The Miracle Worker” trata sobre la primera etapa del aprendizaje de Helen, cuando Anne Sullivan (la “Ana de los milagros”) intenta que la niña verdaderamente comprenda que las cosas que la rodean tienen un “nombre”, y que se puede expresar con el alfabeto para sordos… solo que en este caso la niña debía colocar su mano sobre la mano de la maestra para “ver” los signos. La obra de Broadway fue todo un éxito. Al mando de la misma dupla Gibson-Penn, estuvo en cartel durante casi tres años, hasta el primero de julio de 1961.

Los roles principales fueron encomendados a dos fabulosas actrices (y, por casualidad, ambas compartían el mismo nombre: Anna Maria y Anna Marie, respectivamente): eran Anne Bancroft y Patty Duke. A la hora de los premios Tony®, la producción se alzó, entre otros, con los galardones a la Mejor Obra y al Mejor Director. Anne Bancroft fue designada Mejor Actriz, y la pequeña Patty Duke (que no había cumplido los 13 años al comenzar la producción), ganó la distinción Theater World, que premia a los nuevos talentos.

Cuando llegó el momento de trasladar la obra al cine, la United Artists, el productor Fred Coe, William Gibson y Arthur Penn tuvieron el tino de no caer en la tentación, tan común por esos años, de convocar a actrices de renombre para recrear los roles en la pantalla. Bancroft y Duke (que, a pesar de tener 15 años conservaba un aire infantil) plasmaron en la pantalla su notable creación, que habían refinado durante tres años en las tablas. Incluso uno de los carteles oficiales del film (ver más arriba) es verdaderamente fascinante, marcadamente dramático y muy adelantado a su época.

El film comienza con la enfermedad de Helen. Frustrados después de consultar a muchísimos especialistas, sus padres están a punto de enviar a la niña a un instituto psiquiátrico, pero encuentran la fuerza para hacer un último intento y se contactan con el Instituto Perkins para los Ciegos. Así llega Anne Sullivan al hogar de los Keller. Helen era una especie de pobre animalito, y así la trataba la familia. Caprichosa, rebelde y agresiva con los niños de la servidumbre, en la mesa familiar solía deambular de plato en plato de los miembros de su familia, tomando con sus manos la comida que le apetecía. Ésta es la primera batalla campal entre Anne y su pupila: lograr que se siente a la mesa, coma con una cuchara —¡maravilla!— al terminar doble la servilleta.

La familia se resiste a los métodos estrictos de Anne para —en un principio y con muchos altibajos— imponer una disciplina a la niña. A la vez, Anne le marca las palabras de todo lo que se cruza en su camino a una Helen que las reproduce, pero sin llegar verdaderamente a hacer la conexión de que esas “figuras” que Anne dibuja con sus dedos en realidad son el significado del objeto que ella acaba de palpar. A pesar de las protestas de la madre (Inga Swenson) llega un momento en que el padre está a punto de despedir a Anne. El capitán Keller (Victor Jory) se conforma con tener un animalito medianamente domesticado que tratar de extraer todo el potencial de una niña que se perfilaba como altamente inteligente, ya que a los seis meses de vida había pronunciado su primera palabra: agua (“wawa”).

El capitán cede y la da una última oportunidad a Anne: llevar a la niña a una cabaña cercana y dejarlas solas para que libren su “batalla” final hacia el conocimiento. Helen usa todas sus armas para destruir todo a su alrededor, y únicamente cede un poco cuando la vence el cansancio. Pero las dos semanas pasan, y alumna y pupila deben volver al hogar familiar sin haber logrado demasiados progresos. El desenlace, nuestro Momento Inolvidable y por cierto conmovedor, comienza en el almuerzo en que dan la bienvenida a la niña, después de su atribulada ausencia. En un arrebato de venganza hacia Anne, Helen parece desandar todo el camino transitado, quiere volver a su antigua forma de comer y le arroja a Anne en la cara el contenido de una jarra de agua. Sin dar tiempo a que la familia reaccione, Anne arrastra a Helen al exterior, y la lleva a la bomba de agua, para que ella misma vuelva a llenar la jarra que vació. Anne empieza a bombear agua y pretende que la niña llene la jarra, pero Helen la rompe. Mientras tanto Anne le ha estado “escribiendo” la palabra agua en la mano que Helen tiene libre. Llega un momento en que Helen tiene sus dos manecitas cubriendo la boca de salida de la bomba, sintiendo el agua correr entre los dedos y, sobrecogida por la angustia, emite un grito casi gutural… “wawa”. Luego, sus ojos y todo su rostro parecen iluminarse en una expresión magistral de descubrimiento lograda por Patty Duke, e inmediatamente le pide a Anne que le escriba la palabra: agua. Aquella palabra que fue la primera en salir de sus labios, a sus precoces seis meses, es el nexo que finalmente le permite entender la conexión entre esos símbolos que repetía como un monito entrenado y el mundo que la rodea: la maravilla del lenguaje y la posibilidad de comunicarse. Anne llama a la familia a los gritos, mientras Helen toca desesperadamente la tierra, una planta, la bomba, reclamando la palabra respectiva. La niña se acerca a sus padres y se confunden en un abrazo desgarrador. Luego se acerca a Anne y le pregunta quién es ella, y Anne le responde: “maestra”. En un acto de absoluto reconocimiento, Helen le entrega a Anne un manojo de llaves. Eran las llaves que había usado para sus caprichosas actitudes: encerrar a Anne en su habitación, o cerrar el comedor. Representaban claramente su rebeldía, pero se las entrega a Anne: obvio símbolo de que reconoce que a Anne le pertenecen las llaves que le abrirán las puertas del largo camino hacia el conocimiento que emprenderían juntas. Más tarde, esa noche, Helen busca a Anne, que descansa en una mecedora en el balcón, le da un beso muy afectuoso y se acurruca en su falda.

Repercusión: El film, estrenado el 28 de julio de 1962, fue un rotundo éxito. Como versión cinematográfica de una obra teatral echó mano de algunos recursos poco felices, como los momentos en que Anne, que también había sido ciega, recuerda su niñez y la muerte de su hermanito en un orfanato. Las imágenes borrosas no fueron la mejor elección para estos flashbacks. Partes del guión son un poco estereotipadas, y la insegura actuación de Inga Swenson y la sobreactuación anticuada de Victor Jory no ayudan demasiado. Pero el balance se torna positivo ante lo impactante del tema y el talento arrasador de la dupla protagónica. Cuando llegó la hora de los premios de la Academia, la película logró dos premios Oscar® y otras 3 nominaciones. Los nominados fueron Arthur Penn por su dirección, William Gibson por el guión adaptado de su propia obra y la diseñadora de vestuario (en blanco y negro) Ruth Morley. El año 1962 fue poco característico de los Oscar®. Quizás por la cantidad de films de extraordinaria calidad, fue uno de los pocos años en que sólo 2 de los 5 candidatos a Mejor Director contaban con nominaciones a la Mejor Película para sus filmes. The Miracle Worker no fue nominada como Mejor Película. Pero Anne Bancroft y Patty Duke ganaron como Mejor Actriz y Mejor Actriz de Reparto.

El verdadero logro que representan estas dos victorias merece un comentario aparte. Especialmente la categoría de Mejor Actriz fue una de las más difíciles de toda la historia de los premios. Veamos a quiénes venció Anne Bancroft: a tres actrices magistrales (una de ellas nunca había ganado) y a una joven actriz en un papel electrizante. Estamos hablando de las gloriosas Katharine Hepburn en Long Day’s Journey into Night (Viaje de un largo día hacia la noche, 1962), que no ganaba desde 1935; Bette Davis en What Ever Happened to Baby Jane? (¿Qué pasó con Baby Jane?, 1962), que era la favorita con su décima nominación y última victoria en 1938; la magnífica Geraldine Page en la mejor de sus actuaciones en un drama de Tennessee Williams, Sweet Bird of Youth (El dulce pájaro de la juventud, 1962); y la relativa novata Lee Remick como la alcohólica de Days of Wine and Roses (Días de vino y rosas, 1962). Cabe acotar que muchos se habían quejado de que quedaran excluidas Shirley MacLaine en Two for the Seesaw (Dos buscando un destino, 1962) y Joan Crawford como odiada partenaire de Bette Davis en Baby Jane.

Por su parte, Patty Duke enfrentaba en la contienda a otra niña (menor que ella) en una actuación magistral (y mucho más sutil y matizada que la de Duke), a una gloria de Hollywood y Broadway que intentaba llevarse el premio en su tercer intento, a —en opinión de este cronista— la mejor actriz de reparto de todos los tiempos, que sumaba su sexta nominación (cuatro de ellas seguidas) sin haber ganado nunca, y a una actriz relativamente nueva en una muy buena actuación. Se trata de la maravillosa Mary Badham, de 9 años, que encarnó a uno de los personajes más adorables de la literatura y el cine: Scout, la hija de Gregory Peck en To Kill a Mockingbird (Matar a un ruiseñor, 1962); de la favorita Angela Lansbury como la malévola madre de Laurence Harvey en The Manchurian Candidate (El embajador del miedo, 1962); de la legendaria Thelma Ritter interpretando a la sufrida madre de Burt Lancaster en Bird Man of Alcatraz (La celda olvidada, 1962); y de la insinuante Shirley Knight en Sweet Bird of Youth (El dulce pájaro de la juventud, 1962). Cabe mencionar también que Duke se convirtió en la actriz más joven en recibir un Oscar® en competencia (no especial). Mantuvo ese récord hasta que fue destronada en 1974 por Tatum O’Neal, de 9 años, con su actuación en Paper Moon (Luna de papel, 1973).

Cuando George Chakiris anunció el nombre de Patty Duke el público expresó su gran sorpresa. Anne Bancroft no pudo asistir a la ceremonia, por estar protagonizando “Madre coraje” en Broadway. El premio lo recibió en su lugar la desplazada Joan Crawford… pequeño y mezquino consuelo. En una de las fotos que acompañan esta nota podemos ver el momento en que Joan Crawford visita el teatro donde Anne Bancroft da vida a la heroína de Bertolt Brecht para hacerle entrega de la estatuilla.

La historia de Helen Keller volvió a ser contada en tres películas hechas para la televisión. La primera de ellas, The Miracle Worker (El mundo de Helen Keller, 1979), fue estrenada en cines en varios países, incluida Argentina. El golpe de efecto fue que, en esta oportunidad, Patty Duke asumió el papel de Anne Sullivan, y Helen Keller fue encarnada por la popular Melissa Gilbert (o Laura Ingalls). Patty Duke ganó el premio Emmy® a la Mejor Actriz. Pero esta vez las dos actrices competían en la misma categoría y Melissa Gilbert, a pesar de estar nominada, perdió ante Duke. Curiosamente, las otras dos nominadas ya habían sido vencidas por la otra “Anne Sullivan”, Anne Bancroft, allá por 1962: Bette Davis era candidata por el telefilm White Mama (1980) y Lee Remick por la miniserie Haywire (1980). En 2000, la empresa Disney encaró una segunda remake de la obra de Gibson. Protagonizada por Alison Elliott (Anne) y Hallie Kate Eisenberg (Helen), el resultado fue poco feliz, demasiado azucarado y totalmente innecesario. Pocos años antes, la TV estadounidense había producido un telefilm que retomó la vida de estas dos mujeres extraordinarias, pero en un momento posterior de sus vidas: cuando Anne acompaña a Helen durante sus estudios en la universidad Radcliffe College. Con dirección de Alan Gibson (no relacionado con William Gibson), en Helen Keller: The Miracle Continues (1984) los roles principales fueron encarados por Blythe Danner (Anne) y Mare Winningham (Helen).

THE MIRACLE WORKER (Ana de los milagros, 1962)

Ficha técnica de Fabián Cepeda

United Artists. 106 minutos. Producida por Fred Coe. Dirigida por Arthur Penn. Guión de William Gibson, basado en su propia obra teatral del mismo nombre. Inspirado en la autobiografía de Helen Keller. Director de fotografía: Ernest Caparros [Ernesto Caparrós]. Música de Laurence Rosenthal.
Reparto: Anne Bancroft, Patty Duke, Victor Jory, Inga Swenson, Andrew Prine, Kathleen Comegys y, sin aparecer en los créditos, Maribel Ayuso, Dale Helen Bethea, John Bliss, Grant Code, Michael Darden, Michele Farr y Beah Richards.

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