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It's a Wonderful Life (¡Qué bello es vivir!, 1946)

Por Rodolfo Otero

It’s a Wonderful Life se ha convertido con el correr de los años en la película navideña por excelencia en el mundo entero, desplazando incluso a varias versiones del “Cuento de Navidad” de Dickens. Es uno de los filmes más populares de todos los tiempos y el más célebre y más representativo de los talentos de su director y su actor protagonista, respectivamente Frank Capra y James Stewart, quienes coincidían en considerarlo el favorito personal de sus carreras.

Y sin embargo, en su estreno fue prácticamente ignorado por el público norteamericano, eclipsado por el realismo de The Best Years of Our Lives (Lo mejor de nuestra vida, 1946), la saga de William Wyler sobre excombatientes que trataban de adaptarse a una posguerra en la que aparecían desplazados por una sociedad diferente. (Cabe mencionar que en la Argentina la película de Capra fue un éxito desde su primera exhibición).

En cambio, en Estados Unidos It’s a Wonderful Life debe su enorme popularidad y su prestigio a la televisión. Ya en la década del ’50 fue una de las películas más programadas hacia fin de año, y especialmente en la década del ’70 se transformó en un “boom”, a partir de un error increíble: se vencieron los derechos de autor sin que fueran renovados. Lo que significa que cualquiera que tuviera acceso a una copia podía pasar la película sin pagar regalías a nadie. Las estaciones públicas, en particular, empezaron a programarla alrededor de Navidad compitiendo con costosos especiales de las cadenas comerciales, a los que superó holgadamente en rating una y otra vez. It’s a Wonderful Life pasó a ser algo así como un pariente muy querido al que todo el público esperaba en cada Navidad, y cada Navidad volvió a convocar a los telespectadores hasta que el video terminó de imponerla a su vez en los hogares. Hace pocos años la productora Republic volvió a registrarla, lo que probablemente impida la sobresaturación [insinuada en parodias como las escenas de Home Alone (Mi pobre angelito, 1990) y su secuela en la que se la ve omnipresente en todos los canales el día de Nochebuena] y conserve su status de clásico, bien ganado por cierto.

El argumento es demasiado conocido como para reiterarlo en detalle: nos limitaremos a recordar que es básicamente una “morality play” o auto sacramental, una alegoría cristiana ilustrando la vida de un hombre que permanentemente sacrifica su bienestar personal y sus ambiciones en pro del bien de su comunidad. George Bailey es un hombre que sueña con viajar en libertad por todo el mundo y en cambio pasa su vida atado a su pequeño pueblo de Bedford Falls, hasta que un percance económico lo hace contemplar el suicidio, impedido por un ángel guardián algo sui generis que lo lleva a revalorar su vida al mostrarle cómo habría sido un mundo sin él. Convengamos en que It’s a Wonderful Life es una versión más del tema favorito de Capra, el hombre simple y bueno que se opone a los poderosos sin alma y sale triunfante, pero se salva del sentimentalismo en el que a veces caía el gran director ítalo-americano, gracias a la presencia de algunos tonos oscuros que equilibran el optimismo del final.

Lionel Barrymore, Frank Hagney y Thomas MitchellEl personaje de Jimmy Stewart pasa por un verdadero descenso a los infiernos antes de su merecida redención,  no sólo en su excursión pesadillesca por ese pueblo degradado de la fantasía que le propone Clarence, el ángel, sino en el proceso previo: en una escena que uno no suele asociar con el actor (y que interpreta a la perfección) trata con rudeza, casi con violencia, a su familia y va cayendo paulatinamente en una desesperación cada vez más negra.

Este contraste con el tono general de la película, así como la sinceridad con la que Capra plantea la historia de George Bailey, previenen un exceso melodramático y le otorgan credibilidad, hacen del héroe un personaje tridimensional y muy humano en todo el sentido de la expresión.

El proyecto tuvo un origen muy curioso: un cuentista llamado Philip Van Doren Stern, que solía contribuir material a varias revistas, escribió el argumento básico, una historia breve llamada “The Greatest Gift” (“El mayor don”). Al no encontrar eco en ninguna de las publicaciones que habitualmente recibían sus trabajos, lo envió a sus amigos y conocidos con el formato de una tarjeta de Navidad. Su agente la hizo circular un poco más, y la RKO compró los derechos para una película, pensando en Cary Grant  como posible protagonista. Al menos tres guionistas notables (Clifford Odets, Dalton Trumbo y Marc Connelly) intentaron sin éxito la adaptación.

Allí entra en escena Frank Capra, que se reintegraba a Hollywood después de pasar la segunda guerra mundial realizando documentales para el gobierno norteamericano. Al descubrir el cuento inmediatamente lo identificó como material ideal para una de sus películas, con la que iba a lanzar una nueva productora, Liberty Films, en sociedad con sus colegas William Wyler y George Stevens y el productor Samuel Briskin. Capra descartó los guiones existentes y en cambio convocó a dos guionistas más afines al material, el matrimonio de Albert Hackett y Frances Goodrich, y con ellos redactó el definitivo.

Desde el primer momento Capra pensó en un solo actor para encarnar a George Bailey: James Stewart, a quien había revelado en You Can’t Take It With You (Vive como quieras, 1938) y consagrado como estrella en Mr. Smith Goes to Washington (Caballero sin espada, 1939). Stewart también se reincorporaba a los sets después de servir en la guerra (fue uno de los mejores pilotos de bombarderos y recibió la baja con el grado de coronel). Capra invitó a Jimmy a su casa y le relató el argumento, aparentemente sin mucha convicción, pero el actor confiaba ciegamente en él y aceptó sin vacilar.

James Stewart, Beulah Bondi y Thomas MitchellEl resto del elenco incluía a una actriz joven, en uno de sus primeros roles protagónicos, y un conjunto de los mejores actores de carácter de Hollywood. Mary Hatch, la fiel novia y esposa de George, estuvo a cargo de Donna Reed, entonces una de las “ingenuas” de la Metro. Capra había pensado en su habitué Jean Arthur para el papel, pero un rol teatral en Broadway le impidió asumirlo, lo que en realidad fue una suerte, ya que la actriz era demasiado mayor para el rol de Mary. Para el papel de Potter, el villano capitalista de la historia, Capra llamó a Lionel Barrymore, también cedido por la MGM, y que tanto había contribuido al éxito de You Can’t Take It With You (en un personaje diametralmente opuesto). El distraído e irresponsable tío Billy fue el siempre eficaz Thomas Mitchell; y Clarence el ángel, vital para la credibilidad de la historia, encontró un intérprete ideal en el rostro bonachón de Henry Travers, que lo haría tan suyo como al querible floricultor de Mrs. Miniver (Rosa de abolengo, 1942).

Redondeaban la plana mayor Beulah Bondi como la madre de George (la buena de Beulah, una de las mejores “mamás” de Hollywood, fue la de Jimmy Stewart cuatro veces), Gloria Grahame en uno de sus primeros papeles importantes, como siempre de chica fácil, los venerables H.B. Warner y Samuel S. Hinds, y por fin Ward Bond y Frank Faylen como Bert y Ernie, el vigilante y el taxista. (Jim Henson se basaría en estos dos personajes para sus muñecos de “Plaza Sésamo”, conocidos en Hispanoamérica como Beto y Enrique).

Uno de los elementos que atestiguan la ductilidad del elenco es el cambio obligado de personalidad que sufren los personajes en el universo paralelo donde falta George. Varios de ellos han sufrido modificaciones en su personalidad, algunas sutiles, otras más radicales, pero totalmente de acuerdo con la sicología posible de cada uno, y en algunos casos (Donna Reed, Beulah Bondi, Frank Faylen) francamente perturbadoras.

El rodaje se inició el 8 de abril de 1946 y terminó sin contratiempos mayores el 27 de julio. En declaraciones posteriores, tanto las estrellas como los actores secundarios atestiguaron que un clima excelente prevaleció en toda la filmación, lo que no es sorprendente tratándose de Capra, que solía tratar con mucha consideración a sus actores.

Como también era habitual para el director, algunas situaciones y escenas fueron el producto de la improvisación. Si bien Capra partía siempre de un libro muy sólido, nunca dejaba pasar alguna oportunidad de mejorarlo con algún toquecito aquí y allá. Entre los elementos que la filmación incorporó al guión están la zambullida del director del colegio a la pileta, el piñón suelto en el pasamanos de la escalera (un gag recurrente) y un detalle de una escena en la que participó la gran actriz secundaria Ellen Corby (la abuela de la serie “Los Walton”): cuando se produce la corrida bancaria y George convence a los inversores de no retirar el dinero de la financiera para evitar la quiebra, una de las clientas (Corby) insiste en que sólo le hace falta una cantidad pequeña de dinero. George le pregunta cuánto y ella le da una cifra exacta incluyendo los centavos. Jimmy Stewart, que no esperaba esa respuesta, espontáneamente le dio un beso, sorprendiendo a Ellen Corby a su vez, lo que multiplicó la autenticidad de la situación.

Una de las mejores escenas de la película es sin duda el momento en el que George y Mary no pueden ocultar lo conscientes que están el uno del otro mientras hablan por teléfono con su amigo Sam Wainwright, hasta que la proximidad se vuelve impulso irresistible y terminan besándose apasionadamente. Tanto, de hecho, que Capra tuvo que cortar parte del final de la escena porque resultaba excesiva para el pacato Código Hays. Fue una de las ocasiones en que la primera toma que se filmó resultó suficiente.

Otra secuencia que muestra a Capra en su elemento es la del baile sobre un gimnasio que recubre una pileta. De hecho no se filmó en estudio, sino en la Beverly Hills High School, que Capra había visitado durante una filmación previa y que realmente tenía una pileta bajo el gimnasio. El director tomó nota de las posibilidades del gag, y ex profeso incorporó esta escena para realizarlo: el pretendiente despechado de Mary (Carl “Alfalfa” Switzer, uno de los exalumnos de “La Pandilla” de Hal Roach) abre el piso mientras George y Mary bailan el Charleston, lo que provoca en pocos segundos un chapuzón múltiple, muy bien preparado en los instantes previos. Otra idea de Capra que mejoró el guión original fue producto de la investigación. Frank descubrió que la corrida bancaria de 1933 se produjo un día de lluvia en el estado de Nueva York, y utilizó el dato para darle mayor dramatismo a la escena.

It’s a Wonderful Life se estrenó el 20 de diciembre de 1946. Recibió nominaciones al Oscar en los rubros película, dirección, actor protagónico, montaje y sonido. Si bien no ganó ninguno, ese año Capra obtuvo el premio consuelo del Globo de Oro por su dirección.

Tanto él como Jimmy Stewart vivieron para ver el fenómeno de popularidad que experimentó la película. Capra no dejaba pasar una Nochebuena sin proyectarla en su casa para familiares y amigos, sumándose al ritual de medio planeta.

Donna Reed, James Stewart y Karolyn GrimesTal vez uno de los legados más conmovedores de la película fue una experiencia compartida por el actor y el director: los dos recibieron un buen número de cartas de gente que les aseguraba que una visión de su película los había convencido de abandonar el propósito de suicidarse.

Y por fin, no podemos dejar de mencionar el homenaje de Ettore Scola a It’s a Wonderful Life en la escena final de Splendor (Splendor, 1988), que reproduce la situación final del clásico de Capra en la salvación de una sala de provincia que es una síntesis de todo el amor por el cine. Capra no podía haber recibido un tributo más apropiado.

IT’S A WONDERFUL LIFE (Qué bello es vivir, 1946)

(Ficha técnica por Fabián Cepeda)

RKO. 129 minutos. Productor y Director: Frank Capra. Guión: Frances Goodrich, Albert Hackett y Frank Capra. Diálogos adicionales: Jo Swerling. Basado en el cuento “The Greatest Gift”, de Philip Van Doren Stern. Música: Dimitri Tiomkin. Fotografía: Joseph Walker, Joseph Biroc y (sin aparecer en titulos) Victor Milner. Dirección artística: Jack Okey. Decorados: Emile Kuri. Edición: William Hornbeck. Vestuario: Edward Stevenson.

Reparto: James Stewart, Donna Reed, Lionel Barrymore, Thomas Mitchell, Henry Travers, Beulah Bondi, Frank Faylen, Ward Bond, Gloria Grahame, H. B. Warner, Frank Albertson, Todd Karns, Samuel S. Hinds, Mary Treen, Virginia Patton, Charles Williams, Sara Edwards, Bill Edmunds, Lillian Randolph, Argentina Brunetti, Bobby Anderson, Ronnie Ralph, Jean Gale, Jeanine Anne Roose, Danny Mummert, Georgie Nokes, Sheldon Leonard, Frank Hagney, Ray Walker, Charles Lane, Edward Keane, Carol Coomes, Karolyn Grimes, Larry Simms, Jimmy Hawkins, Harry Holman, Hal Landon, Carl “Alfalfa” Switzer, Bobby Scott, Harry Cheshire, Charles Halton, Ed Featherstone, Stanley Andrews, J. Farrell MacDonald, Marion Carr, Gary Owen y Ellen Corby, Lane Chandler, Almira Sessions, Lee Fredrick y Bert Moorhouse.

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