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Shane (El desconocido, 1953)
Por Marcos Celesia |
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Pero considerando tan auspicioso lanzamiento, el destino de Shane en los anales del cine ha sido bastante ingrato. El film recibió cinco nominaciones al Oscar: Mejor Película, Mejor Director (George Stevens), dos para Mejor Actor de Reparto (Jack Palance y el niño Brandon de Wilde), Mejor Guión (A. B. Guthrie, Jr.) y Mejor Fotografía en Color (Loyal Griggs). Sólo ganó en el rubro Fotografía. Todo esto y la estatura de clásico que el film iba cobrando entusiasmaron al estudio Paramount a re-estrenarla a escasos cuatro años del lanzamiento original. Les esperaba una desagradable sorpresa. No sólo no fue el éxito esperado, sino que tanto la crítica como el boca-en-boca del público empezaron a atacar a la película, aseverando que aún siendo tan reciente, ya estaba “envejeciendo”, que con cada visión sucesiva parecía más lenta, más aburrida y más trillados los diálogos. Con el correr de los años, ésta es la opinión que ha prevalecido, y hoy en día las encuestas no lo colocan entre los westerns favoritos de todos los tiempos. Pero todo esto no quita que el final del film sea una de las escenas favoritas del cine, de ésas que quedan atesoradas en el corazón de todos los aficionados. Y son varios los que sumaron a ese logro, más allá del magistral director George Stevens. Gran parte de la película gira en torno de la especial relación que se forja entre el niño y el pistolero.Ladd se va erigiendo en la fuente de absoluta devoción y admiración por parte de Joey. Esta criatura, magistralmente interpretada por el joven de Wilde (que muriera trágicamente a los 30 años), ve en Shane al héroe por excelencia.Su admiración, la forma en que habla de él, la forma en que lo mira, todo suma para esta profunda relación tan bien plasmada en imágenes y sentimientos. Los conflictos sicológicos no acaban ahí. Flota en el aire una atracción entre Shane y la madre de Joey (Jean Arthur, en su última interpretación), pero ambos son personas rectas e intachables, seguras de su “deber”... Este doble juego sicológico queda resumido en la escena en que Shane le enseña a Joey a disparar (ver fotografía). Ante los ojos del niño y su madre, que observa desde la distancia, Shane ha expuesto esa faceta de su personalidad que la familia no había experimentado. Cuando la madre le recrimina haberle enseñado al niño lo que es un arma, Shane le responde elocuentemente: “Un revólver es una herramienta, Marion. Ni mejor ni peor que el hombre que la utilice”. Pasemos a nuestra escena inolvidable. Shane llega a su fin. El desconocido ha arriesgado la vida por sus amigos, los Starrett, pero se ha cobrado algunas vidas y sabe que debe seguir su camino. No sólo para no comprometer su libertad, sino para no alterar la armonía familiar con su amor por Marion.
Shane: I gotta be going now, Joey. En español: Los gritos desgarradores de Joey no logran quebrar la voluntad de Shane, que sigue su camino sin siquiera darse vuelta a despedirse por última vez. Joey ha perdido a su héroe, para siempre... |
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