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Los Actores de Reparto

Claude Rains, Ethel Barrymore, Walter Brennan y Hattie McDaniel son sólo algunas de las cientos de "caras conocidas" que se robaron más de un película.

Por Marcos Celesia

C. Aubrey Smith y Mary AstorDos de las películas inolvidabes de la década del ‘40 son, sin lugar a dudas, Rebecca (Rebeca, una mujer inolvidable, 1940) y Casablanca (Casablanca, 1943). La fuerza dramática de estas dos producciones ha dejado su marca a fuego en todos los que hemos podido apreciarlas. La inquietante y dubitativa relación entre Laurence Olivier y Joan Fontaine y la química entre Ingrid Bergman y Humphrey Bogart han hecho suspirar a generaciones de admiradoras. Cualquiera diría que todos los demás intérpretes de estas películas podrían considerarse afortunados si por lo menos recordábamos sus caras. Pero no fue así. Lejos de serlo.

Nadie puede olvidar la estremecedora presencia de la Sra. Danvers, encarnada por Judith Anderson, atormentado a la pobre Joan Fontaine, que se atrevió a tomar el lugar de la idolatrada Rebecca. La escena en el dormitorio, en que le muestra las pertenencias de la difunta esposa, con un regodeo casi morboso, es un verdadero legado al talento de la extraordinaria actriz de reparto. ¿Y qué podríamos decir de Claude Rains en Casablanca? Para los que no lo conocían, verlo en su papel es verdaderamente “el inicio de una hermosa amistad”. Una amistad en que se admira el arte de un intérprete impecable.

En los comienzos del cine, cuando era mudo, los intérpretes no eran ni siquiera conocidos por sus nombres. Poco a poco eso fue cambiando, en la medida en que los actores empezaron a aparecer en película tras película. Pronto el público empezó a reconocer a Mary Pickford, Lillian Gish, Douglas Fairbanks y otros. La llegada del cine sonoro permitió mayor lucimiento a las estrellas, y –por debatible que pueda parecer- al desarrollo y composición de los personajes.

Eve ArdenEn las películas, como en toda obra de ficción, hay protagonistas y figuras de apoyo. Los actores de reparto en Hollywood siempre se caracterizaron por su calidad. Por simple decantación en una industria muy exigente, tal vez los que realmente trascendieron y se hicieron populares como rostros conocidos fueron los más talentosos, o que llegaban con un bagaje del teatro, y que con su arte supieron ganarse roles cada vez más importantes. Otros, como Rains o Anderson, fueron conocidos por los verdaderos amantes del cine, y llegaron a tener roles protagónicos.

Asimismo, el sistema de los grandes estudios, que los tenían bajo contrato durante muchos años, les aseguraban continuidad laboral. Por lo tanto aparecían en varias películas por año. John Carradine, un ejemplo extremo dada la longevidad de su carrera, cuenta con más de 220 títulos en su filmografía. Pero hay muchísimos otros que rondaron las 150 películas: Andy Devine, 142; Lewis Stone, 147; Eugene Pallette, 173; Alan Hale, 186.

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood tardó casi 10 años en reconocer esta división entre los actores principales y los secundarios, de carácter o de reparto. En un principio, los actores de carácter se veían obligados, con muy pocas chances, a competir por la estatuilla (o la nominación) con las grandes estrellas. Fueron muy pocos los que lograron siquiera la nominación. En 1934 Frank Morgan fue nominado como Mejor Actor por The Affairs of Cellini (Los amores de Cellini, 1934), en que secundaba a Fredric March. Pero pocas posibilidades tenía de vencer a Clark Gable en It Happened One Night (Lo que sucedió aquella noche, 1934).

Al año siguiente, Mutiny On the Bounty (Motín a bordo, 1935) arrasó con la categoría Mejor Actor. Se alzó con 3 de las 4 nominaciones. Pero si bien Clark Gable y Charles Laughton indudablemente compartían el protagonismo, Franchot Tone habría tenido mejores chances si hubiese existido una categoría para actores no principales . Y quizás se hayan visto perjudicados los 3, ya que se dividieron los votos y el ganador resultó Victor MacLaglen por The Informer (El delator, 1935).

Para esta altura la Academia había acusado recibo de la necesidad, y en 1936 nacieron las flamantes categorías, Mejor Actor y Mejor Actriz de Reparto. Los primeros en ganar estas estatuillas (que en los primeros años ni siquiera eran estatuillas sino una placa) fueron Gale Sondergaard en Anthony Adverse (Adversidad, 1936) y Walter Brennan en Come and Get It (Hijo y rival, 1936).

Desde entonces esta categoría le ha aportado mucho a las carreras de los premiados y a la posibilidad de reconocer logros magistrales. Así y todo a veces la línea divisoria entre una actuación principal y una de reparto se desdibuja, lo que ha llevado a algunas “injusticias”. Debe recordarse lo que comentamos en CURIOSIDADES de nuestra primera edición. En general han sido los estudios los que deciden en qué rubro compite el intérprete, ya sea presentando a los actores oficialmente en determinada categoría o a través de la publicidad para promover la nominación.

Así, por conveniencia, pueden fomentar la nominación como actriz de reparto de una casi protagonista. ¿Hasta qué punto es de reparto la Melanie de Olivia de Havilland en Gone With the Wind (Lo que el viento se llevó, 1939)? Un caso extremo se dio cuando debieron competir para el mismo premio (de reparto) la pequeña Tatum O’Neal y Madeline Kahn en Paper Moon (Luna de papel, 1973). Tatum, sin lugar a dudas, es la protagonista de Paper Moon, y aparece en prácticamente todas las tomas de la película, mientras que Madeline Kahn no llega a estar 20 minutos en pantalla.

Por otro lado, ¿puede haber una actuación tan breve que deba ser descartada? Beatrice Straight en Network (Network - Poder que mata, 1976) y Dame Judi Dench en Shakespeare In Love (Shakespeare apasionado, 1998) se llevaron la estatuilla por actuaciones de menos de 5 minutos cada una. Después de tamaño logro, nadie les podrá negar el fuerte impacto de sus dotes

Pero volvamos a nuestros actores de reparto del cine clásico. Ya mencionamos el sistema de los grandes estudios que los tenían bajo contrato. Un aspecto negativo de esta modalidad de trabajo fue que los estudios tenían la tendencia a encasillar a determinados intérpretes en determinados roles, y así estaban los que parecían condenados a ser siempre la otra mujer, la mejor amiga sarcástica, el malvado, el bonachón, y tantos otros prototipos. Quizás el verdadero talento de muchos actores secundarios haya radicado en lograr quebrar esos moldes y brillar en papeles diversos. Hablemos un poco de esos actores y actrices que lograron trascender más. Escojamos aproximadamente una docena de los “grandes” y pongámosles nombres a esos rostros inolvidables.

Thomas MitchellQuizás uno de los actores más respetados y reconocidos haya sido Thomas Mitchell (1895-1962). A él dedicaremos unas líneas adicionales en esta galería de rostros familiares. Fue él uno de los que supo con su tremendo talento jugar todos los roles imaginables, sin quedar encasillado en ninguno. Fue nominado para el Oscar en Hurricane (El huracán, 1937) pero tuvo que esperar dos años para ganar, al interpretar al doctor borracho de Stagecoach (La diligencia, 1939). Es muy llamativo que este año en particular haya sido nominado precisamente por este film, ya que también se destacó en el “huracán” de 1939: Gone With the Wind (Lo que el viento se llevó, 1939), como padre de Scarlett O’Hara.

Y durante los mismos doce meses del año más glorioso de la historia de Hollywood interpretó papeles de importancia en otros 3 clásicos: Only Angles Have Wings (Sólo los ángeles tienen alas), Mr. Smith Goes to Washington (Caballero sin espada) y The Hunchback of Notre Dame (El jorobado de Notre Dame). Trabajó con los mejores actores y directores, y otras películas en las que se destacó son The Long Voyage Home (Hombres de mar, 1940), como un marino mercante, The Sullivans (Eran cinco hermanos, 1944), como el padre de cinco soldados que dan su vida por la patria, It’s a Wonderful Life (Qué bello es vivir, 1946) y The Dark Mirror (Tras el espejo, 1946).

Un verdadero baluarte del celuloide fue sin duda Donald Crisp (1880-1974). Ya no estamos hablando de un “actor” talentoso. Su carrera cinematográfica fue como asistente de dirección, director y actor. Llegó a Hollywood de su Escocia natal después de haber luchado en la Guerra de los Boer, y su trayectoria en el celuloide se extendió de 1910 hasta 1963. Interpretó repetidas veces figuras de autoridad y patriarcales, pero tanto podían ser despiadadas como comprensivas. Curiosamente, deben haber tomado su talento por sentado muchas veces, porque recibió una única nominación al Oscar, que ganó, por How Green Was My Valley (Qué verde era mi valle, 1941).

Algunos de sus films más destacados son The Birth of a Nation (El nacimiento de una nación, 1915), The Life of Emile Zola (La vida de Emilio Zola, 1937), Jezebel (Jezabel, la tempestuosa, 1938), Lassie Come Home (La cadena invisible, 1943), The Valley of Decisión (El valle de la abnegación, 1945) y Pollyanna (Pollyanna, 1960). Y dejamos para el final su increíble producción del año inigualado, 1939: Wuthering Heights (Cumbres borrascosas), Daughters Courageous (Hijas valerosas), The Oklahoma Kid (El valiente de Oklahoma) y tres films con Bette Davis, Juarez (Juarez), The Old Maid (La solterona) y The Private Lives of Elizabeth and Essex (Mi reino por un amor).

Walter BrennanWalter Brennan (1894-1974) fue otro actor que supo aprovechar su versatilidad. Él mismo desestimaba su talento, diciendo que su única técnica histriónica era decidir su usaba los dientes postizos en la película o no. Pero la Academia de Hollywood no puede haberse equivocado tanto, ya que después de su primer Oscar como Actor de Reparto en 1936, Brennan volvería a ganarlo en 1938 y en 1940, por You Can’t Take It With You (Vive como quieras, 1938) y The Westerner (El caballero del desierto, 1940), convirtiéndose en el actor que más Oscars ha ganado en esta categoría. Lo que es más, fue recién en 1968 que Katharine Hepburn logró su tercer Oscar, igualándole el record que comparten únicamente con Jack Nicholson (en realidad, Hepburn encabeza al estadística porque en total llegó a ganar cuatro estatuillas).

Lamentablemente, las crónicas actuales desestiman las loas de la Academia como exageradas. Y aseguran que el único Oscar verdaderamente merecido de Brennan es el tercero. Lo que es más, hay críticos que aseguran que cualquiera de los otros cuatro nominados en 1938 (John Garfield, Gene Lockhart, Robert Morley y Basil Rathbone) habrían sido más meritorios.

Charles CoburnEl hombre mayor gruñón y bonachón al mismo tiempo que más deleitó a Hollywood debe haber sido Charles Coburn (1877-1961). Llegó al cine recién a los 56 años, lo cual favoreció que interpretase al padre de muchísimas estrellas de primer magnitud, tales como James Stewart y Cary Grant. Tuvo un inicio más que auspicioso con Of Human Hearts (Ingratitud, 1938) y Vivacious Lady (Al fin solos, 1938). Su período más glorioso fue 1941-1943, en que participó en varios films excelentes: The Devil and Miss Jones (El diablo y Miss Jones, 1941), The Lady Eve (Las tres noches de Eva, 1941), King’s Row (Cumbres de pasión, 1942), Heaven Can Wait (El Diablo dijo no, 1943) y The More the Merrier (El amor llamó dos veces, 1943. Ganó el Oscar por esta última y fue nominado también por The Devil and Miss Jones y por The Green Years (Los verdes años, 1946).

Claude RainsVisitemos ahora a un actor inglés con una apariencia continental, que brilló en Hollywood con luz propia. Su personalidad tranquila, apacible, podía ir de la mano con el sarcasmo, la sofisticación, la maldad y la ternura. Claude Rains (1889-1965) tuvo muchos roles que lo colocaron en el límite entre el actor protagónico y el de reparto. Pero en balance no creemos estar distorsionando el espíritu de este artículo al presentarlo en forma destacada. Se inició en las tablas en Inglaterra, y fue maestro de actuación de Laurence Olivier, Charles Laughton y John Gielgud.

Viajó a los Estados Unidos a actuar en una obra escrita por su esposa, “The Constant Nymph”, y Broadway primero y Hollywood después lo adoptaron sin más trámite. Curiosamente, le hicieron una prueba para A Bill of Divorcement (Doble sacrificio, 1932), que no pasó. Pero el director James Whale vio la prueba y le gustó su voz, así que lo contrató para la exitosa The Invisible Man (El hombre invisible, 1933). Así se convirtió en una estrella. Nunca ganó el Oscar, pero durante su apogeo recibió 4 nominaciones en el curso de 8 años, por Mr. Smith Goes to Washington (Caballero sin espada, 1939), Casablanca (Casablanca, 1943), Mr. Skeffington (La vanidosa, 1944) y Notorious (Tuyo es mi corazón, 1946).

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